07

mayo

availand día de la madre

¡Feliz Día de la Madre!

Madre no hay más que una. Por eso, celebrar cada año el Día de la Madre es hacer feliz a la persona más especial que puede existir en la vida de todos nosotros.

Igual que nuestros peques crecen, las mamás también van evolucionando con ellos, desde la “dulce espera” hasta el día que los peques no lo son tanto y se convierten en adultos. Ellas también tienen sus necesidades, igual que los bebés, así que para este día dedicado especialmente a ellas, os ofrecemos varios consejos para cuidar de ellas como se merecen y según lo necesitan según las fases de su maternidad.

Si hablamos de las etapas que vive una mamá podemos nombrar cuatro grandes etapas que se van sucediendo a medida que los bebés crecen: la dulce espera, la neo-madre, la madre educadora y la madre con hijos adolescentes a punto de convertirse en mayores de edad.

Por supuesto, igual que cada bebé, cada mamá es diferente, por tanto estas fases son únicamente una manera general de describir los sentimientos de cada etapa, quizás haya mamás que no pasen por todas ellas, o que alarguen más una etapa que otra, o que vivan unas fases diferentes.

La “dulce-espera”

Una mamá que aún no lo es vive un maravillosos proceso de cambio, tanto en su cuerpo como en su interior. Sueña mucho con cómo será su bebé, si estará bien, piensa en cuanto lo cuidará y en lo feliz que será cuando estén juntos.

En esta fase es habitual imaginar mucho. Imaginar hasta dónde crecerá la tripita, de qué color tendrá los ojos el bebé, que nombre le podremos, si queremos saber el sexo del bebé o no…

Es la espera de una madre soñadora, una madre antes de convertirse en tal.

Así pues, en esta fase, tanto la familia como la pareja no deben olvidarse de tratarla como mujer y no sólo como futura madre. Animarla a seguir haciendo su vida como antes de quedarse embarazada y a seguir cultivando sus aficiones e intereses. Por supuesto que el bebé será lo más importante para ella, pero además de madre, siempre seguirá siendo mujer.

En estos meses también es agradable preparar con mucha calma y amor nuestra casa para la llegada del bebé. Ir eligiendo poco a poco la cunita, el carro, y demás accesorios y ropa. Eso sí, sin agobios ni prisa. Es muy interesante también compartir conversaciones con abuelas y tías para pedirles consejos de primeriza y también leer libros que relajen la mente y nos ayuden a comprender mejor los cambios que experimentará nuestro cuerpo.

La “neo -madre”

Y por fin llega nuestro pequeño. Lo abrazamos, lo besamos y nos damos cuenta de que estamos absolutamente enamoradas de nuestro bebé. Ahora la mujer es mujer y además mamá.

En esta fase es normal que sintamos una “montaña rusa” de emociones: amor desmedido, miedo por no saber hacer bien las cosas, inseguridad sobre qué decisiones tomar, y mucho sueño que agrava todo al no descansar bien.

En esta fase, las neo- mamás tienen la necesidad de sentirse queridas y apoyadas, tanto por sus parejas como por la familia y los amigos. Al sentirse relajadas, podrán dejar aflorar a su instinto, que nunca se equivoca, y vivir con más calma las situaciones que hasta ese momento de la vida, nunca se habían tenido que enfrentar.

Así que para esta neo-mamá, el mejor regalo es estar a su lado. También se le puede ofrecer ayuda para tareas que quitan mucho tiempo y que es necesario seguir haciendo una vez el bebé está en casa: como limpiar la casa, hacer la compra, etc.

Como guinda para las mamás en esta fase se encuentra, de nuevo, encontrar momentos para ella misma. Por ejemplo una cena romántica entre la pareja cuando el bebé ya se ha dormido, o regalarle una tarde de diversión entre amigas mientras la abuela cuida del bebé por unas horas. Acostumbrarse a ser la misma de siempre, pero madre, no es sencillo y requiere tiempo y adaptación.

La “madre-educadora”

Nuestro bebé ha crecido y ya sabe caminar, hablar, va al colegio…y tiene otras necesidades diferentes. Comienza a comprender que su comportamiento puede afectar a cómo se sienta su mamá, y le encanta hablar con ella para contarle todas sus fantasías, sus miedos y hacerle mil preguntas al día.

Es aquí donde empieza la dura tarea de educar a nuestros pequeños: por una parte nos encantaría mimarles sin parar, pero por otra tenemos que ser firmes, reñirles cuando hacen las cosas mal y explicarles el mundo que les rodea.

Los regalos perfectos para las mamás en esta fase son pequeños gestos que demuestran lo que ellas son para nosotros: valorar su esfuerzo diario y su trabajo como educadoras, reconocer todo lo que hacen por su familia, y animarla a que sea fuerte y tenga paciencia ante los pequeños dramas del día a día: una fiesta sorpresa para el Día de la Madre, llevarle el desayuno a la cama…

La “madre del adolescente”

En esta fase, muchas madres intentan desesperadamente comprender a sus hijos, y sobre todo, estar con ellos en ese último paso hasta que se conviertan en mayores de edad.

La adolescencia es una época difícil en muchos aspectos, es un momento duro para las madres pero también para los hijos, los cuales experimentan muchos cambios en poco tiempo sin estar preparados para ello.

El mejor regalo para las mamás de adolescentes es saber que el amor que profesan sus hijos por ella, seguirá siendo incondicional durante toda la vida, igual que cuando eran bebés que se dormían en sus brazos. En este sentido, es genial regalarle tiempo para compartir con ella, hacerla sentir una parte importante de una vida llena de amigos y de otros intereses. Salir con ella al cine, a dar un paseo, preguntarle qué tal le ha ido el día, y guardar siempre un ratito semanal para compartirlo juntos será el regalo perfecto para la madre de un adolescente.

Para todas ellas… ¡Feliz Día de la Madre!